El mundo no para

Hay episodios que no significan nada y que nos dejan sin embargo la idea de haber asistido a una revelación

Estaba tan tranquilo, sin meterme con nadie, contemplando el horizonte uno de estos miércoles infernales de julio, cuando un cuervo atravesó de izquierda a derecha, como el que escribe un texto, mi campo visual. Llevaba en el pico algo muy grande. No distinguí si se trataba de un pedazo de pan, de una raíz, o de una rata. ¿Pero a dónde vas con esa carga, camionero alado, le pregunté mentalmente?

Hay episodios que no significan nada y que nos dejan sin embargo la idea de haber asistido a una revelación. No porque nos comuniquen un mensaje, sino porque nos recuerdan que el mundo ocurre en miles de planos ajenos al nuestro. Mientras yo permanecía inmóvil, entregado a esa forma de pereza que consiste en mirar el cielo, el cuervo traspasó mi tarde con la fuerza de una estocada arrastrando consigo un enigma. Así que yo me dedicaba al recogimiento y él a vivir. Me sorprendió la desproporción entre el tamaño del ave y el del objeto. Pese a la carga, volaba con la eficacia antigua de lo no aprendido. La naturaleza está llena de trabajos invisibles. Creemos que el mundo descansa cuando nosotros cabeceamos, pero las hormigas siguen acarreando semillas, los árboles transportan savia bruta desde las raíces hasta las hojas, las nubes cambian de forma y de color, las arañas van a lo suyo con más eficacia que nosotros a lo nuestro.

Tal vez lo que me dejó pensativo, aunque sin pensamientos, fue precisamente eso: haber rozado durante un segundo una historia de la que nunca sabré nada. Entró en mi vida como el personaje secundario que cruza una escena sin pronunciar una palabra, alterando sin embargo el sentido de la secuencia. Hay una humillación extraña en aceptar que el universo no está hecho para ser entendido, sino apenas vislumbrado. A veces basta el vuelo de un cuervo con una incógnita en el pico para recordarnos que vivimos rodeados de argumentos cuya primera y última página nos han sido arrancadas.

Sobre la firma

Juan José Millás

Escritor y periodista (1946). Su obra, traducida a 25 idiomas, ha obtenido, entre otros, el Premio Nadal, el Planeta y el Nacional de Narrativa, además del Miguel Delibes de periodismo. Destacan sus novelas El desorden de tu nombre, El mundo o Que nadie duerma. Colaborador de diversos medios escritos y del programa A vivir, de la Cadena SER.

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